jueves, 2 de octubre de 2008
¿Cómo decirles?
Varias veces he mencionado el efecto perverso de las campañas de odio echadas a andar (con fines políticos) hace ya varios años obteniendo adeptos con enorme facilidad. El recurso fácil de denostar y señalar faltas, delitos y riesgos a partir de posibles decisiones electorales surtió efecto de diferentes maneras.
De la misma forma que se colocó a una masa desinformada en un papel de “eructar” (figuradamente) todo cuanto contenido negativo le hicieron engullir a través de todos los medios al alcance, se conformó otro sector quizá más documentado o con más recursos informativos para asimilar los contenidos diversos de la publicidad en tiempos electorales o no. Este grupo sin advertirlo ha generado una nueva forma de intolerancia con todo y ser promotores de la tolerancia en su más amplia expresión,
Me explico porque confieso que me encuentro en este grupo: no tengo paciencia para avanzar una lectura que inicia descalificando a los personajes que desea cuestionar o criticar; motes, sobrenombres o epítetos, desmerecen la posibilidad de comprender cualquier señalamiento como serio o fundado. No puedo continuar tranquilamente en el desarrollo de un programa de análisis cuando la premisa inicial se establece entre la distinción de “blancos y negros”, “civilizados y salvajes”, “limpios y sucios”.
Quisiera tener los recursos intelectuales, políticos, materiales y hasta sobrenaturales para explicar por ejemplo que los conflictos magisteriales del centro del país no tienen nada qué ver con los de este estado. ¿Cómo decir que el efecto más devastador de las divisiones entre el gremio magisterial es la apatía, el desconocimiento, la desinformación y la renuncia a defender el derecho ganado con años de historia en esta entidad para tener los beneficios que se fueron conquistando a través de discusiones, de luchas reales, de acuerdos y de avance en el bienestar de ese sector? ¿Cómo decirles a quienes se agrupan bajo diferentes siglas ahora que la noción de sindicato eficiente y defensor de los derechos de sus agremiados es superior a las lealtades personales a individuos de tránsito eventual por las dirigencias estatales? ¿Cómo explicar la vigencia del derecho social como legítimo instrumento de defensa frente a los embates de un estado patrón que ahora desconoce la validez y la presencia de un sector antes respetado y prestigiado?
¿Cómo comunicar que los gobiernos actuales nos han llenado de improvisados amigos de los amigos de los amigos, en cargos donde es importante una formación profesional, un poco de cultura y algo más de experiencia?
¿Cómo hacerle para superar el desdén con el que se refieren a cualquiera que no sea del mismo grupo o igual filiación política? ¿Cómo escuchar inmutable en lugares públicos las referencias a privilegios en gestiones que requieren mayor esfuerzo o complejidad para la mayoría de los ciudadanos y que algunos cuántos obtienen sin trámite de por medio?
¿Cómo decir que pertenecemos a los mismos espacios públicos y no somos disfuncionales aunque no juguemos en las “maquinitas tragamonedas” o tampoco tengamos amigas que hacen ahorros (cundinas) en dólares, ni acudamos a los mismos servicios religiosos? ¿Cómo demostrar que no somos un peligro para el país a pesar de entrar en a categoría de nacos por no tener pasaporte?
¿Cómo decir que una mujer poderosa gracias a las estructuras de control que se tejieron durante los gobiernos priistas y una vez confrontada la dirigencia de su partido, y de escenificar una lucha pública y penosa por el control del mismo durante el sexenio pasado, no se convierte en la figura ideal o limpia en un partido que en alianza con los gobiernos actuales es solamente un puente entre los miembros de un grupo político (o varios) hacia otro, sin enfrentar los costos del reclamo o el señalamiento por los actos a todas luces de travestismo?
¿Cómo hacer para que se entienda que quienes tienen a la líder vitalicia como símbolo de todos los abusos del corporativismo, y adjudican su pertenencia a un partido como prueba de su descomposición, la abriguen en su seno y se haya reforzado su poder gracias a los servicios electorales que brinda de elección a elección?
Y ¿cómo decir que basta con informarse, con ir más allá de los titulares para conocer las realidades de los profesores, de las escuelas, pero sobre todo de la educación? ¿Cómo?
…Si acaso el ángel sigiloso
abriera la ventana
te miraría salir interminablemente
como un tiempo cansado
hacia su sombra vuelto,
como quien frente al mundo se pregunta:
"¿En qué lugar está mi soledad?”
(Chumacero, Ali. Muerte del Hombre)
jueves, 25 de septiembre de 2008
Un gran abrazo
Pasan de las seis de la mañana y pienso en una vida larga de despertares apresurados para prepararse para la escuela por años, después para enviar al esposo al trabajo, enseguida para asistir al propio empleo y al del marido, se le agregan más tarde los hijos y sus desvelos y así se suman los años y los amaneceres antes de que es sol llegue.
El entusiasmo o el gusto con que se enfrenta el día ha variado según la edad, el motivo de la madrugada o la fecha (en días de pago todo se aligera).
Están en la memoria los días fríos en que se prepara a un familiar enfermo para acudir a exámenes de laboratorio o a consulta. Esas horas pareciera que se cargan de una pesadez distinta. La sombra de la incertidumbre espesa el silencio mientras viaja uno hacia la clínica o el consultorio.
¡Qué ganas de encontrar esos días un sustituto o sustituta para hacerle el encargo! Sin dudarlo pediría a la persona designada para el trabajo que cuidara, apoyara y brindara a nuestro familiar todo el calor que en algunas mañanas pareciera faltarle a uno.
El sueño le duele a uno en los párpados y el frío del alba se posa inclemente en las coyunturas de los tobillos y rodillas.
El día de cualquier manera, sigue su curso. En medio de la neblina espesa del temprano otoño siento al caminar de un lugar a otro de la casa un malestar causado por la cantidad enorme de fallecidos cada día a lo largo del país, abatidos por la violencia que parece enseñorearse de todo el territorio nacional. Lastima que se encuentre uno acostumbrándose a esa nota informativa, duele que los nombres, edades o sexo de las víctimas no le cause a uno ni siquiera curiosidad mucho menos indignación.
Estirando la colcha, mientras el despertador deja escuchar los acordes de una melodía alegre, se cubre uno la cabeza y puede imaginar los titulares de los diarios locales o nacionales con notas que no logran ni siquiera levantar las cejas: que ocupamos un lugar muy bajo en el terreno de transparencia, o sea que somos corruptos reconocidos, que la canasta básica seguirá aumentando, que los precios de los combustibles se elevarán cualquier día como ha venido ocurriendo, que aparecieron decapitados un X número de cadáveres, que las comisiones de la Cámara de Diputados deciden que los casos de denuncias por corrupción del sexenio anterior deben cerrarse por falta de pruebas, que los fondos de retiro de algún sindicato han desaparecido.
Se siente a veces un cansancio grande y no logra entender si es uno o es algo más allá lo que provoca una punzada en el corazón.
El tiempo pareciera comerse día a día los entusiasmos con los que observa el paso del tiempo. La mañana transcurre con tanta velocidad que apenas se alcanza a realizar el trabajo rutinario, a la hora que busca uno un tiempo para leer un poco o tal vez escribir, le cae encima el reloj marcando una tarea inaplazable para seguir con la vida doméstica.
¿A quién pedirle entonces que cuide del bienestar de nuestras familias? ¿En quién confiar para garantizar la seguridad de las calles, las escuelas, los espacios públicos?
Hoy quisiera quedarme hecha ovillo entre las sábanas y soñar que nunca he escuchado las historias sórdidas y tristes en que viven los niños en las colonias de la periferia de la ciudad, quisiera imaginar que al llegar a las escuelas todos los alumnos han dormido bien y tomaron alimentos antes de salir de sus casas. Hoy quiero olvidar que el flagelo de las adicciones es la salida más a la mano de jóvenes adolescentes y adultos jóvenes allí donde faltan los empleos y las opciones de ocupación remunerada.
En días así me faltan recursos, imaginación y optimismo porque la realidad rebasa mis anhelos poéticos y mi vocación literaria.
Y quisiera tomar en mis brazos adoloridos a todos los seres posibles y brindarles en un abrazo un poco de calor y una pizca de esperanza para encontrar la fuerza necesaria para iniciar el día, uno a uno.
Te quiero cada lunes con el alba
antes de ver el día
entre el canto diverso del cenzontle
y el discreto bostezo de los gatos
tu rostro se apresura
llega antes del sol
los ojos se me llena con tu imagen
me invade tu calor
y algún lugar impreciso de mi cuerpo
al evocarte
duele.
martes, 23 de septiembre de 2008
Llega el otoño
Llega el otoño, reúne entonces uno el ánimo de la estación que termina y pasa la mano, como por una tela tersa, a los recuerdos que este año ha ido dejando.
De manera natural empieza la despedida al 2008, se preparan los eventos que restan con entusiasmo seguro: algunos cumpleaños y el efervescente bullicio con el que finalmente celebraremos que los ciclos se cierren, los plazos se cumplan y nosotros sigamos contando...
lunes, 22 de septiembre de 2008
Un extraño enemigo
Aquí surgen las buenas y las malas noticias: una, que no estoy sola, ese estado es compartido con muchos otros habitantes del país y otra, que eso no es remedio de nada.
El tema de la violencia desatada en todos los lugares del territorio nacional sobrepasa el análisis simple o la mirada general de cualquier opinión más o menos preocupada.
Las conversaciones entre quienes tienen uno o dos datos documentados giran alrededor de la falta de control de las autoridades correspondientes.
Ya sea por una de las versiones que dicen que “antes” -y aquí no sé bien a qué “antes” se refieren si tenemos ya varios sexenios estatales con el mismo tipo de gobierno, o si el “antes” es federal y entonces estaremos hablando de menos tiempo- la autoridad se entendía con los líderes de la delincuencia y éstos respondían con control sobre las acciones en determinadas áreas. O bien las otras versiones que dicen que en la lucha contra el crimen organizado no se diseñaron estrategias para afectar de manera inteligente los cotos de poder de los diferentes grupos del hampa, dando como resultado que el descabezamiento indiscriminado haya dejado en la libre a mandos secundarios que arremeten contra los adversarios del mercado sin detenerse en la población que afectan y sin código alguno al que se pueda apelar para llegar a acuerdos.
Porque llegado el caso o se aniquila al delincuente como los tiempos de Elliot Ness o se busca la forma de encontrar puntos donde el resultado sea una efectiva disminución de la violencia presente ya en cualquier ciudad, barrio, camino, establecimiento o evento.
Querer encontrarle sentido político a todo buscando destinatarios en un efecto de juego de billar resulta en ocasiones un ejercicio para distraer del punto urgente a resolver: la ola sangrienta de atentados, ejecuciones o secuestros.
Explicar que las luchas son entre los mismos delincuentes no alivia ni responde al reclamo del ciudadano que exige seguridad.
Lo punzante, lo grosero es la aparente facilidad con que se arremete en sitios impensables hasta hace poco tiempo y lo peor aún son los discursos con los que se pretende responder a un sector delincuencial a quien los dichos de los políticos o los funcionarios no les hacen ni cosquillas, porque además ni los miran, ni los oyen.
De los atentados en Morelia ¿qué sigue?: minutos de silencio, becas para huérfanos, pensiones modestas para viudas, gastos de funerales, fotos, flashes, caras de circunstancia, golpeteo político para el gobernador perredista, declaraciones de las damas de blanco encargadas de la protesta nacional organizada, y horas en noticieros dando los pormenores del lugar en donde cayeron las modestas prendas de vestir de una de las heridos.
Por lo pronto, se quedan atrás las víctimas de los sucesos en el Estado de México o en cualquier otro estado. Pero eso no sería lo más grave, los que se van quedando en el olvido son los verdaderos responsables de estos homicidios, y detrás de ellos todos aquellos encargados de procurar justicia, los mismos que cuando le llegan de cerca los señalamientos solamente los cambian de puesto o se les quita del escaparate.
Pero no tenemos que extender la mirada a otras latitudes, basta conocer lo que ha sucedido en Tijuana donde aún los acontecimientos son tan recientes que no se puede abordar el tema con la suficiente objetividad, baste señalar que la sobrepoblación de los centros penitenciarios y el caos producido por la aglomeración indistinta de prisioneros en diferentes etapas de sus procesos correspondientes provocan que el asunto de unos se convierta en problema de todos y el estallido abarque a los familiares desesperados por la suerte de los suyos, recluidos y por el momento atrapados en un conflicto de grandes dimensiones.
Cuando los marcos institucionales se miran rebasado o destruidos por los conflictos no queda más que reconocer la necesidad de acudir a otras instancias para manejar las soluciones que aunque calificadas de urgentes siempre llegarán tarde. Y es ahí cuando la sociedad se vuelve herida en busca de las respuestas, pero además de lastimada también reacciona violentada, y con razón.
Mientras el responsable de los sucesos en Michoacán aguardaba el último viva México el país entero sigue esperando que alguien declare formalmente que el crimen organizado o no, es el extraño enemigo y reconozca que hace tiempo profana con su planta el suelo de nuestros barrios, colonias y ciudades. El territorio de nuestra seguridad se mira invadido por un estado zozobra e inquietud permanente y como ciudadanos solamente esperamos que se respete nuestro derecho a un pedazo de tranquilidad y paz.
…frente a la tarde de salitre y piedraarmada de navajas invisiblesuna roja escritura indescifrableescribes en mi piel y esas heridascomo un traje de llamas me recubren,ardo sin consumirme, busco el aguay en tus ojos no hay agua, son de piedra…(Paz. Octavio. Piedra de Sol)
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Mal y de malas
Son las 6.45 de la mañana, me doy otros diez minutos de "gracia", parpadeo y ya ¡pasaron!
Acudiré también a desayunar con un amigo.
Por costumbre abro mi correo electrónico, miro mis mensajes, hay uno que me deja con las cejas levantadas en un arco más pronunciado al ya exagerado que mantengo siempre.
Escribo unas líneas y corro a preparar desayuno para el niño. Sigo de memoria los datos de mi lectura veloz ataviada con mi "traje para desayunar un martes de septiembre", muevo trastos y sirvo platos, en una de esas, la manga de mi suéter lila de cashmir (así se me antoja escribirlo) se impregna del residuo de café acumulado en la base de la cafetera, no hago dramas (además ni quién vea), lavo el extremo de la prenda y lo seco con una toalla de papel.
Cumplo con mi trabajo, dejo al niño y corro a cepillarme lo dientes, en eso estoy cuando se escapa un poco de pasta dental sobre mi pecho, ¡en el mismo suéter!, limpio de nuevo, no hay dramas, salgo corriendo, voy hacia al auto, olvido las llaves, regreso y al salir de nuevo tropiezo con el sillón y me golpeo la pierna, duele horrores, pero sigo adelante.
Después, en el café a la hora de tomar el desayuno junto a mi apetitoso croissant de huevo con jamón, me ofrecen un chile güerito, tomo el tenedor y el cuchillo y al tratar de cortarlo explota en mi mano y hacia mi cara el vinagre picante.
Son apenas las 9 de la mañana y ¡quiero llorar!
martes, 19 de agosto de 2008
Unos y “otros”
No imagino a ningún miembro de cualquier estrato de la sociedad mexicana congratulándose por estos hechos delictivos, pero la manera de plantear el enojo y la protesta desde las pantallas y los micrófonos oficialistas pareciera conducir la molestia en diferentes grados de aparente aceptación.




Llama mi atención la sinceridad, sencillez y honestidad con que Soraya Jiménez, medallistas olímpica mexicana y hoy comentarista especializada en halterofilia cuando le preguntan hace varios días su opinión acerca de las participantes mexicanas: ¿Qué posibilidades les miras? –Preguntan- ella contesta: Ninguna, están en un grupo donde no hay posibilidades, él otro grupo es el fuerte y las cifras que manejamos no dan para mejores pronósticos. Punto.el brote guardo, cuido del injerto,
el tallo alzo de la flor amada,
arranco la cizaña de mi huerto,
y cuando suelte el puño del azada
sin preguntarlo me daréis por muerto.
(Reyes, Alfonso. La señal funesta)
lunes, 11 de agosto de 2008
Sin novedad
Tenemos, por ejemplo, el papel de los medios, sobre todo los electrónicos y el amplio espacio que le dieron, previo pago, claro, a las campañas de miedo, desprestigio y advertencia acerca de los peligros que entrañaba las opciones distintas a quien patrocinaba la publicidad en cuestión. Pero eso fue solamente un aspecto, fuimos testigos de la manera en que los comunicadores se convirtieron en jueces y promotores al servicio de una causa oficialista que desechó a ultranza más opinión o datos que no fuesen los que sostenían una sola versión de los hechos. Si bien algunas voces discordantes fueron “invitadas”, solamente sirvieron de elementos para controvertir y reafirmar la decisión única. Fueron tiempos de buscar información y solamente encontramos una misma voz y un tono de intolerancia y hasta burla para quienes buscamos elementos de juicio diversos a fin de conformar una opinión documentada.Resultado: muchos dejamos de ver y escuchar noticieros, medida que trajo un poco de aire fresco y renovado a las visiones viciadas y saturadas de los mismos argumentos y el manejo de las mismas cifras sin alternativas y sin explicaciones.
Entre quienes argumentaban triunfos de una u otra parte, quedamos los que con justicia y razones abrigamos dudas que no pudieron ser despejadas de manera satisfactoria.
Un sector amplio de consumidores serios de información nos quedamos refugiados en la lectura de los diarios nacionales de manera directa o a través del Internet y desarrollamos un poco más nuestras posibilidades críticas y valorativas para elegir nuestras fuentes y llegar a nuestras propias conclusiones.
Vivir sin noticieros ha sido una de las mejores medidas que llegaron después del 2006 y eso no significa vivir sin información, solamente que ya no son los señores de los nombres conocidos y las caras inefables las que invaden nuestros espacios familiares para decirnos la “verdad de la verdad”.
Por otra parte, nos topamos con una oposición (en donde hemos encontrado coincidencias) que por alguna razón -que todavía no puedo analizar con todos sus elementos- dejó de manera estruendosa, la vocación crítica, analítica y de alternativa que para otras experiencias tuvo: la capacidad de salir, previa revisión y consideración con posiciones congruentes, inteligentes y justas a defender con argumentos y razones los principios y valores de una determinada postura.
La historia da la razón pero para ello hay que armarse de todo aquello que apuntale la búsqueda de las vías para seguir avanzando.
De repente se encuentra uno con los rostros ajados por el tiempo y los cuerpos rellenos de las satisfacciones personales que han permitido que grupos reducidos de personajes conocidos giren en el carrusel de las posiciones electorales, esas mismas que se aseguran en listas de representaciones proporcionales porque los riesgos de las elecciones directas los corren otros.
Con el tiempo se deja de sostener el apoyo a personajes locales o nacionales cuyas trayectorias desde 1979 solamente la miramos reflejada en los anales de los congresos estatales o el de la Unión en puestos pendulares que oscilan entre el cargo de dizque representación popular o el otro como funcionario de administraciones “amigas”.
Los tiempos románticos de la participación desinteresada en donde se comprometieron la vida de familias completas quedó muy lejos, las canciones combativas latinoamericanas y los himnos heroicos de luchas sociales de otras latitudes son cosa de pasados tan remotos como ajenos a la propia imagen del entonces prócer.
Y no es que no se entiendan que las nuevas posibilidades construidas por la participación de todas las expresiones de la izquierda en sus diferentes organizaciones obligaron a nuevas formas de relacionarse sino lo que punza es la enorme distancia que media entre el mismo hombre, de quien conocemos el nombre y trayectoria se convierta de pronto en un auspiciador de políticas que en otro tiempo con su misma voz y la elocuencia y claridad que aún mantiene, rebatió con validez y valor.
La nómina oficial al parecer, merma el espíritu de quienes compartieron el escaso pan, el mucho ánimo y el enorme espíritu para salir a construir vías por donde caminaríamos brazo a brazo por un rumbo nuevo.
…Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos...
(Neruda, Pablo. Poema 20)
Los males del alma
Nada más difícil que reconocer, atender y comprender a personas con algún desorden mental o algún padecimiento siquiátrico. Hablo principalmente entre quienes conforman el primer círculo del enfermo. Para detectar que ciertas conductas no son producto de un mal carácter, una adicción o verdadera malcriadez pasa tiempo valioso para la atención de dichos desórdenes. Porque como todos los males la detección temprana posibilita la construcción de estrategias médicas y de manejo familiar que permitan la integración del enfermo a una vida con ciertas características de normalidad.Aquí no estamos hablando del sentido filosófico de los estándares asumidos como “normales” y tampoco cuestionamos los criterios con los que al resto nos dan el título de sanos o funcionales.
No es mi propósito criticar dichos conceptos sino tratar de entender la manera en que una persona con conductas alteradas pueda funcionar dentro de su grupo familiar primero y de un entorno social después.
La dificultad principal del paciente radica en su división o ruptura entre sus pensamientos y la realidad. Esa escisión impide una relación organizada entre sus ideas y sus acciones y también una alteración emotiva que no obedece a ninguna lógica: lo mismo está eufórica, alegre y radiante, que enojada, violenta o triste y deprimida.
La atención personal cercana en el entorno familiar ayuda a identificar ciertos síntomas para ser atendidos por el médico especialista. De ahí se seguirán una serie de valoraciones y medicaciones que llevarán como finalidad lograr una cierta estabilidad en los estados de ánimo y de conducta del enfermo.
Pero, y este es un PERO con mayúsculas, esto sucede temprano o tarde en grupos socioculturales con información y costumbre de acudir a los médicos para buscar apoyo en todo lo que se refiere a salud.
Hay otros grupos donde la atención llega muy tarde o se busca asesoría hasta que el paciente presenta problemas críticos para funcionar o cuando se ha provocado algún problema de relaciones por estos comportamientos inexplicables.
A pesar de lo avanzado de la medicina en este y otros campos, todavía se funciona en nuestra sociedad con patrones atrasados y vivimos entre comportamientos que estigmatizan y esconden el hecho de que algún miembro de la familia padezca algún desorden mental.
Eso por una parte, por otra, está la dificultad para llevarle el ritmo a un enfermo siquiátrico en lo que se refiere a cambio de conductas y a la vigilancia sobre la puntualidad para seguir las indicaciones médicas.
A la vuelta de poco tiempo, dos o tres años, la familia inmediata se cansa, la oscilación en que se viven los momentos críticos provoca un desgaste que deteriora las relaciones entre quienes debieran ser los cuidadores o acompañantes.Hay un faltante muy grande de instituciones dedicadas a las atenciones del enfermo mental públicas y privadas. Se tiende a poner en un mismo lugar a pacientes con patologías o desórdenes de diferentes tipos de tratamientos: lo mismo un adicto en recuperación, un demente, que un bipolar, al final unos adquieren los perfiles de los otros compañeros de hospital.
Por si fuera poco los cuerpos de seguridad pública no son instruidos para el manejo de personas enfermas al grado de que cuando se encuentran frente a un problema ocasionado por un enfermo en crisis, si este se encuentra solo y nadie aclara el tipo de problema que padece, se le trata como un individuo intoxicado con resultados registrados como lamentables y hasta trágicos, tenemos ejemplo en la localidad.
Este es todo un planteamiento sin alternativas sugeridas, la sensibilidad y nuestro nivel de conciencia respecto a las condiciones de este grupo de la sociedad tendría que orientarnos hacia la información más útil para poder comprender en general el problema de salud que representa este padecimiento y en particular, si fuera el caso, para conocer más a fondo las opciones para el tratamiento profesional.
Lamentablemente la precariedad de las opciones no da para más.
en él la entraña su pavor, su sueño
y su labor termina.
El sabor que destila la tiniebla
es el propio sentido, que otros puebla
y el futuro domina.
Historia con varios finales
En las últimas seis semanas aproximadamente, he recibido la noticia de la muerte de alguna persona conocida. Los fallecimientos suceden con la frecuencia estadística establecida por los datos recibidos del Registro Civil, lo que llama mi atención es que sean personajes con los que tuve algún tipo de amistad, relación o convivencia social y cuyas vidas han llegado a su fin justamente en estos días soleados de verano.La edad de uno hace -de manera natural- más frecuente el hecho de las pérdidas por defunción de amigos y conocidos.
En los casos recientes es curioso el dato de que todos los fallecimientos correspondan a varones. Hace poco asistí a un gabinete de radiología y llamó mi atención el hecho de que todos los solicitantes de servicios fuesen mujeres, me pregunté entonces si sería que somos más enfermizas o más cuidadosas para atender nuestras molestias. No lo sé.
Entiendo que al hombre le resulte más intimidante la visita al médico. Hay algo de rendición al hecho de ponerse en manos de otros exponiendo el lado más vulnerable, por otra parte las mujeres, dado nuestro papel reproductor, nos vemos desde temprana edad en la necesidad de acudir al profesionista para auxiliarnos en nuestra misión de conservadoras activas de la especie.
La experiencia desde jóvenes de cuidar ciertos aspectos de la salud es, sin duda, una razón para que los consultorios privados se encuentren llenos de mujeres al igual que las consultas de los institutos de salud pública, aunque al final de la semana los fallecimientos, de conocidos al menos, sean mayormente de hombres.
Por otra parte
Por otra parte me encuentro de manera regular con un grupo de personas cuya mayoría rebasa las seis o siete décadas de edad, principalmente hombres, que cultivan el gusto por la música, conversación y el brindis en un lugar donde el verano se hace llevadero y el encuentro con amigos es un evento para celebrar.
La charla gira en torno a tareas propias del campo, al recuento de las novedades acumuladas durante la semana y claro a los achaques propios de los cuerpos cargados de años. Todo se escucha menos grave o serio de lo que pudiera ser, se mencionan los medicamentos contra la hipertensión y el diclofenaco es un término que causa risa sólo se nombra cuando alguno de los asistentes muestra dificultad para levantarse de su asiento. Nada suena preocupante, las risas por los males propios y ajenos son tema de broma y guasa. Ahí el diabético sin vista dice que no puede tomar porque viene manejando su auto y quien usa muletas o silla de ruedas señala que no va a bailar porque no tiene permiso.
De pronto un domingo de julio la tarde toma otro rumbo, la música abandona los boleros y corridos y se desliza hacia espacios de sentimientos profundos y lejanos. El violín toca notas vibrantes de un vals que obligan a ser seguidas con una silenciosa atención, casi reverente, de todos los asistentes. Al percibir este instante recorro la mirada para advertir que el crepúsculo incendia el horizonte y a través de las ramas de los eucaliptos el día se despide arrullado por un viento suave que mece las hojas de los árboles. Descubro con sorpresa que alguno de los rancheros presentes ha clavado el rostro en su pecho y lágrimas emocionadas surcan su rostro.
Es un instante, solamente uno o dos minutos después la magia se esfuma, nos miramos sonrientes y buscamos una canción para cantar a coro “…Si tuviera cuatro vidas…”
Total, unos hacen turno en el consultorio del médico y otros se van a El Tule a cantar mientras la vida dure y así cada cual elige la forma de despedir su historia.
Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.
Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.
Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar.
(Pessoa, Fernando. Tengo tanto sentimiento)
viernes, 18 de julio de 2008
Símbolos de identidad
Dondequiera que haya un evento internacional en que se registre la participación de mexicanos la audiencia toma, sin más, partido por los connacionales. Los encuentros deportivos sin importar nivel o categoría tienen en nuestro país todo el apoyo de la tele audiencia.
Otro tanto sucede con los Juegos Olímpicos, el esfuerzo de los participantes y la contienda frente a representantes de otros países con más recursos, mayor tradición en algunas disciplinas y mejores posibilidades estadísticas, merecen toda nuestra simpatía y entusiasmo aunque al final los resultados sean el retrato de siempre en una realidad conocida de todos.El asunto de los concursos de belleza es algo diferente. Desde el triunfo de una mexicana como Miss Universo no ha habido forma de lograr una experiencia semejante. Aquí los criterios son distintos y los intereses también, las valoraciones estéticas tienen un carga de subjetividad natural y no hay parámetros fijos por los cuales se pueda medir, la belleza, el encanto, la gracia o la elegancia de una persona.
La participante tampoco tiene claro cuáles son los atributos que en su momento van a calificar los jueces, así es que se exhiben en las pasarelas con lo mejor que tienen de sí mismas: su belleza física, simpatía y preparación.
En el caso de la representante mexicana, ésta llegó asesorada por un grupo de personas que pretenden repetir el gran triunfo de Lupita Jones… pareciera que buscan clones de la ex miss universo mexicana para crear el mismo efecto en quienes evaluarán las cualidades de la concursante nacional.
Pero resulta que hay aspectos que vienen desde una identidad diferente, rasgos en la personalidad que tienen que ver con una educación, un entorno, una manera de ver la vida que se refleja hasta en la forma de caminar, de mirar y sonreír, eso no lo enseña nadie, eso no se imita o aprende.Por otro lado, las condiciones internacionales que prevalecían en 1991 han cambiado como es natural y los criterios para considerar la belleza son también diferentes.
Los trajes de baño muestran más piel, las cirugías estéticas son aceptadas, por alguna razón se piensa que entre más alta sea la concursante más oportunidad tendrá de triunfar, en fin, no llega uno a saber a ciencia cierta si lo que se valora es la representatividad de la belleza según su lugar de origen o si se busca la estandarización de los conceptos estéticos.
El modelo Barbie parece prevalecer: las piernas largas, el cabello largo también (ya nadie se atreve a lucirlo corto) y las proporciones ideales, olvidando que la muñeca en cuestión está hecha de plástico, hay elementos que se escapan a estos cánones.
Ahora resulta que el atuendo final le valió a la mexicana la pérdida del ansiado triunfo, eligió mal dicen, no se vistió como una reina de belleza y entonces ¿quién la asesoró en ese aspecto? que los zapatos le quedaban chicos y los dedos rebasaban el frente y quedaban sobrados ¿quién tenía que cuidar esto? ¿Pero qué pasa con el criterio de la misma participante? ¿O es un concurso donde la chica proyecta sus gustos, educación y preferencia o solamente es el maniquí portador de criterios diferentes de un “equipo” que todavía sigue bajo la sombra del 91 y la influencia de un personaje que en aquel tiempo mostró una personalidad, educación y un rostro congruente con la mujer moderna mexicana? Hasta tenía el nombre perfecto para levantarlo en el extranjero como bandera mexicana.En este tema no veo la trascendencia como país para ganar o no. La mujer mexicana es bella de diferentes maneras y en el país hay de todo, aunque se mida la mitad de la estatura de la concursante internacional y se tengan medidas en diferente orden, la belleza de nuestras amigas, hermanas, madres o hijas bien merecen el reconocimiento diario de propios y extraños.
Por fortuna la patria no tiene la cara de Hay rostros amables, suaves, voces inteligentes, rostros bellos, figuras atractivas estéticamente equilibradas en periodistas, maestras, funcionarias, intelectuales, mujeres comunes: la profesora, la empleada del banco, una vecina, una amiga o un familiar.
El certamen de belleza ya pasó, fue cosa de unos días y de unas horas finales. Nuestras bellezas resisten la prueba diaria de enfrentar un mundo real en donde su presencia siempre deja el sabor a triunfo nacional.…tienes vibración de sonatina pasional,
tienes el perfume de un naranjo en flor,
el altivo porte de una majestad…
jueves, 10 de julio de 2008
La difícil tarea de hablar claro
¿Por qué no haces unos tamalitos para la cena? Pregunta un esposo. Lo que sigue son las diferentes opciones de reacciones y respuestas a esta pregunta –porque es pregunta:
1) la mujer dice que está bien, que hará eso de cena
2) se queja de que es mucho trabajo y no hay ayuda
3) sugiere que compren ya preparado lo que él desea
4) contesta tal como le plantea el marido la pregunta.
Porque en este mundo cotidiano de las cosas sobreentendidas ni el esposo dice lo que quiere decir ni ella responde generalmente lo que la otra persona plantea. En este ejemplo tenemos que al hombre no le interesa realmente las razones para que la señora no haga lo que él quisiera cenar sino que desea que ella haga lo que a él se le antoja, y ella no contesta lo que quiere decir porque a partir de la primera propuesta ambigua le siguen una serie de suposiciones cuya responsabilidad nadie asume.
La pregunta más cierta sería ¿quieres hacer esto para la cena? Ella contestaría sí o no y tal vez matizaría con alguna explicación agregada. Fin de la historia. Todo lo demás es ese juego vicioso de manipular las reacciones o las respuestas según el planteamiento impreciso.
Los mexicanos somos conocidos por otros hispanoamericanos por la forma difusa de decir las cosas: el “a ver cuándo nos vemos” o “hay que juntarnos un día de estos” no son formas de establecer un compromiso para encontrarse con alguien, es la mera expresión de un deseo o una intención. “Luego te hablo” no es tampoco un acuerdo, ni define hora o día.
Recuerdo a un pretendiente de mis tiempos de juventud, se despedía a la una de la tarde de la oficina donde trabajábamos diciéndome “enseguidita vengo”, entendiendo eso como algo breve e inmediato lo esperaba, una, dos o más horas en vano, luego aparecía a las seis como si nada, al señalarle la descortesía y molestia por haberme dejado esperando respondía “te dije que luego venía”.
Hasta en las canciones dicen los refranes populares “nomás me dice que sí pero no me dice cuándo”.
La incertidumbre como destino cotidiano deja un sabor amargo en el ánimo, porque resulta que un día con tantas imprecisiones acumuladas y a pesar de todo lo que no sabemos ni cómo o cuándo va a suceder, los plazos se cumplen, los ciclos terminan y las fechas se cierran, entonces el “un día…” llega, y nos encontramos de cara frente a las consecuencias del olvido, del aplazamiento o la desidia; el proyecto ideal para los hijos o del compañero o compañera no se realizó, y el evento importante pasó de largo sin notarlo, o el ánimo y el cuerpo no lo desean más, el entusiasmo o las simples ganas de hacer algo no existen más; lo que queríamos como alguna vez lo soñamos es pasado.
El tiempo pasa y se lleva día a día las posibilidades enormes que cada mañana plantea y cada noche cancela.
Hablar claro, decir lo que realmente deseamos expresar, hacer las preguntas y aceptar las respuestas, decir sí o no y atenernos a las consecuencias es tarea de compromiso con ese personaje que se llama “yo mismo” en la tarea de delinearlo primero en sus contornos y darle volumen después con la solidez de nuestras convicciones, preferencias y deseos, entendiendo que hay tiempo de buscar y tiempo de encontrar y que a muchos nos toca ya la sola acción de ser congruentes con ese hombre o mujer que deseamos ser y asumir de manera convencida que el tiempo de jugar a “encontrarnos” pertenece ahora a otras generaciones.
Hoy somos el dibujo terminado de quien deseábamos ser ¿Cómo se ve el resultado? ¿Nos gusta? ¿No? Bueno hay que arreglarlo un poco quizá, pero no podemos desecharlo, solamente buscarle los mejores rasgos y reconocer que una vez nos gustamos más, sigámoslo haciendo.
…Incertidumbre es el dolor del alma.
Incertidumbre es el dolor de amar.
(Curiel, Gonzalo. Incertidumbre)
martes, 24 de junio de 2008
Hubo un tiempo
Porque esta condición de desconfianza y sospecha permanente se ha ido formando a través de los últimos años -veinte quizá- a partir de la que se puede considerar como la relajación de las relaciones interinstitucionales.
Resulta complicado hablar de un estado de cosas en el pasado sin correr el riesgo de parecer anacrónica o peor aún, retrógrada.
Aceptando la tan llevada y traída afirmación de que ‘en política el fondo es forma’, las formas “nuevas” a partir del debilitamiento parcial primero, y generalizado después de las estructuras priístas de poder han dado lugar a un vacío en lugar de nuevos contenidos.
Instituciones creadas para sostener y fortalecer un esquema de gobierno particular fueron quedando desamparadas al irse diluyendo en las nuevas relaciones sus posibilidades de control y por lo mismo de funcionar.
Lo interesante es que en el análisis desde el cubículo del investigador o del aparador del privilegio mediático, la realidad pone en el escenario los elementos de interpretaciones evidentes, pero se olvida la mayoría de las veces, lo que significa realmente en el impacto directo al último de la cadena de estas relaciones que es el ciudadano.
Al igual que en las medidas de aparente control sobre los precios de ciertos productos bajo el argumento de que son los que “la gente” consume mayormente, encerrando en ese concepto la más amplia y sectaria muestra de la brecha clasista de México, el “ciudadano” viene a ser esa entidad abstracta en la que no se piensa cuando se habla del significado de los cambios, y la transición, y lo viejo y lo moderno y… lo que sea.Al ciudadano, como usted y yo, o la gente, igual, como usted y yo, nos parecía natural y eficiente algunos de los trámites que efectuaba ante oficinas públicas; las personas que lo atendían a uno eran empleados con experiencia y destreza en el manejo de las áreas a las que estaban dedicados, el siguiente mando tenía también en control los pasos requeridos para hacer de tal o cual trámite un camino por el cual circulaba uno con moderada certeza.
Ahora el mismo recorrido ante la ventanilla lleva en sí una carga de incertidumbre de la que nada puede salvarnos, ante la improvisación de personal en cada administración en donde los allegados de los funcionarios, al igual que sus familiares, celebran con júbilo sexenal o trienal el premio gordo de haber llegado a un puesto y el reciclaje de empleados de una dependencia a otra, en áreas que no están relacionadas en absoluto; no queda más remedio que encomendarse a la mejor de nuestras creencias o simplemente al horóscopo para esperar que la suerte nos favorezca si no con la realización a buen término de nuestro trámite al menos con la mediana cortesía que nos permita terminar la jornada sin los sinsabores de la arrogancia y el desdén.Lo peor que puede suceder después de una ruptura o una separación es que en algún momento de conflicto o problema llegue uno a añorar la parte buena de los malos tratos y esa sí es una derrota por partida doble.
Quienes pudieron (o pudimos) estar cansados y desgastados por todos los vicios que el régimen anterior albergó, a la distancia y ante la experiencia, podemos reconocer las formas -y por lo tanto el fondo- de algunas políticas que demostraron su eficiencia y las cuales bien podrían ser imitadas o conservadas.
Ante la explicación de las crisis de todo tipo, que sobrepuestas parecen ser como las capas de la cebolla en donde carencias y fallas parecieran no distinguirse unas de otras, se le agrega un desenfado y menosprecio por crear un nuevo modo de ser en las políticas públicas que brinden al último ciudadano en la cadena de los efectos de las decisiones, alguna seguridad y un poco de entendimiento acerca de la manera en que algunas cosas funcionan.
Mientras tanto, a riesgo de parecer anacrónicos quisiéramos hacer el utópico ejerció de tomar lo mejor de los mundos para armar una realidad en donde “la gente” -de nuevo, usted y yo- pudiésemos ser el objetivo de la eficiencia o la mejor de las intenciones de esta realidad en donde nos ha tocado vivir.
No ambiciono
sino la paz de todos (que es la mía) sino la
libertad que me haga libre cuando no quede un
sólo esclavo…
(Pacheco, José Emilio. Fray Antonio De Guevara reflexiona mientras espera a Carlos V)
jueves, 19 de junio de 2008
por Javier Manríquez
Octavio Paz ha dicho que “la poesía es siempre ceremonia”,1 y ahora que asistimos puntuales a este acto para cumplir con el ceremonial de acompañar a Hadassa Ceniceros en la presentación de Las estaciones del día, su primer libro de poemas, no quiero que sea una casualidad invocar la canción de la Violeta, pues en ella se entrelazan palabras que despliegan las vislumbres de una poética, de una teoría elemental de la creación poética: el poeta es jardinero y la poesía —como las flores— cura. La poesía sirve como el “cogollo de toronjil” que cultiva la jardinera como remedio para las penas, y las flores que ésta planta y cuida —“enfermeras” del alma: concreciones sensibles del poema— son para todos. Por eso la Violeta dice:
heredarás estas flores:
ven a curarte con ellas.
Los poemas de Las estaciones del día comenzaron a captar mi atención y me fueron haciendo suyo desde el principio del libro, desde los discretos endecasílabos contenidos en el poema “Si dejarte leer”:
Si dejarte leer de mis palabras
...
fuera el modo secreto
de quererte...
Pero fueron definitivos los versos de “Hay una voz, me dicen” para darme cuenta de que Ceniceros sabe lo que hace, y logra saberlo de manera exacta porque el ser y la voz que se pasean en su escritura le pertenecen sólo a ella, como también pueden constatarlo los demás, los otros, los lectores, quienes le dan existencia plena para poder escribir:
Me aseguran que existe una voz
una palabra
que solamente a mí me pertenece.
Un tono para hablar
para decir.
Me dicen que mi juicio
y mi cariño
aún sin escribirlos
se distinguen.
Lleva mi tono un ritmo
y su medida.
Ensayo historias
con el suave sabor
que dejan los deseos alcanzados
puedo inventar también
la placidez de noches olorosas
a besos y caricias.
Ensayar historias y que éstas tengan el sabor de “los deseos alcanzados” requiere, desde luego, estar en posesión de un lenguaje que aliente y permita expresar la vivacidad de las imágenes poéticas. Dueña de ese lenguaje —un lenguaje sencillo, sin edad—, Hadassa Ceniceros accede entonces a la concreción de la materia que veremos fluir sin tropiezos a lo largo de Las estaciones del día: el tema del amor, que es el eje de la obra. Y la apuesta de Hadassa está en decir el amor, apacible y firme, contra viento y marea, contra la sustancia del tiempo y sus accidentes, para contemplarse a sí misma en lo que escribe mientras la oímos, muy quedo, repetir:
Tras el cristal azul de mi ventana
mis ojos entre líneas me sonríen
el tiempo aún es promesa
a la distancia
la vida estalla en olas en la playa.4
De memoria
A la distancia de mis ojos, mis pies se miran tan frescos como en la adolescencia o antes y no digo que así se conserven -aunque aquí entre nos se mantienen bastante bien- sino que entre la vista cansada de hace poco y la miopía de toda la vida no alcanzo a distinguir más que el final de mis extremidades sin edad ni tiempo.
Recuerdo entonces el tiempo apresurado del aseo temprano y el refrigerio ligero para salir corriendo a la escuela. Recuerdo también tratar de ganar turno en aquella casa de asistencia-internado para bañarse a la hora exacta donde acordaba con las otras chicas la manera que todas tuviésemos nuestro tiempo par el baño matutino en los tiempos del bachillerato.
En general recuerdo mientras enciendo la cafetera eléctrica, todas las veces que he preparado el café por la mañana a lo largo de mi vida y guardo con gusto en la memoria la jarra verde de peltre con unas flores rosas en las que se preparaba un rico café instantáneo con leche para acompañar el pan dulce y me parece que en el tintinear de la cuchara a los lados de la jarra se cuentan los años que han pasado desde entonces y encuentro que no alcanzo a calcularlos así de pronto.
Lo que sí sé es que viviendo en familia, en casa de asistencia o en un internado y ya más adelante en comunidad, entender nuestro tiempo encierra el secreto de la convivencia en armonía y en orden.
Pero volviendo al principio, hay días en que pareciera que una lija de realidades le ha quitado una capa a nuestra piel y nos deja los sentidos en la superficie, expuestos a que el menor roce con la vida que llevamos nos remita sin piedad a un laberinto de recuerdos de variada intensidad.
Cruza uno las calles de la ciudad y mira el rostro de un compañero de hace muchos años y descubre el rostro juvenil debajo de las líneas del tiempo y de los surcos que quedan después de una enfermedad o un dolor, abre uno el diario y mira las figuras redondas de excompañeros de alguna etapa pasada y remota celebrando aniversarios y logros profesionales, y mira uno hacia uno mismo y encuentra a veces su propia imagen reflejada en pausas de años y duda en pensar que el turno de la celebración, el premio o el turno sencillo de brillar le haya tocado a tiempo.
Hoy hago un ejercicio de abstracción y desde mi ventana miro el color del mar siempre neblinoso y siento la brisa pegajosa del casi verano y entonces recuerdo a la amiga que me enseñó a guardar el equilibrio en una bicicleta. Recuerdo que con un año mayor de edad “era grande” y me daba consejos sobre los novios, consejos que a ella no le sirvieron y a mí tampoco. Y pienso entonces con una sonrisa en un jovencito en quien pensaba y que con un nombre extraño como “Carmelo, Heleno o Rito” estaba lejos de ser el joven ideal. Recuerdo con pena cómo la vida lo quebró temprano y al pasar los años me encontré de nuevo con su nombre en la lápida empolvada del panteón.
El aroma del café inunda la casa, busco los zapatos pero antes paso mi mano por las plantas del pie para limpiar un poco el polvo de algunos recuerdos y conservar otros que para esta hora ya llegaron hasta mi corazón.
¡Buenos días!
recordar, por decirlo la tarde en el desierto
cuando llenos de sol, hambrientos, trastornados
agotamos la sed a mediodía sobre arena caliza
un vaho espeso penetrado de sal,
lo medimos por olas,
los días, los de entonces, se marcaron con luz
y mi piel en tu cuerpo resguardaba tus noches
mis manos contenían limitadas
tus formas desbordadas de calor
y antes, aún a distancia
al llamado confiado de tu nombre
me diluía en arroyos de pasión.
viernes, 13 de junio de 2008
La tercera Edad
Vivimos rodeados de estímulos que conducen la voluntad a buscar los productos que retrasen lo más posible el reloj biológico.
Programas televisivos se ocupan de dar los pormenores de las intervenciones que devuelven apariencias juveniles o moldean cuerpos para llenar expectativas de dudosa seducción. El tema surge de la manera más natural en las conversaciones cotidianas en referencia a tal o cual persona, hombre o mujer, que ya acudió al cirujano plástico para darse una ayudadita.
Con las excepciones comprensibles de quienes requieren cirugía por motivos de salud o funcionales, lo demás es sólo el mercado libre de la recuperación de una frescura que no se ubica precisamente en la piel, en el seno abultado con artificios o el abdomen plano temporalmente.¿Qué se busca? Si el paso del tiempo es un proceso ineludible y la evolución de la mentalidad también pasa por esa experiencia. ¿Quedarse detenido o detenida en una talla juvenil mientras los ojos acusan una edad de esas que llaman tercera?
¿Dónde se queda el crepitar de los huesos y la inseguridad que representa bajar escaleras o dudar de la distancia entre obstáculos ocasionales al deambular por la casa?
¿Dónde se operan las personas el sueño que hace cabecear en una reunión mientras otros se ocupan de la conversación? ¿En qué sitio se extirpa la intolerancia y desesperación que provocan los gritos y algarabía de infantes?
Las etapas de la vida van llevando nuestra mente a través de experiencias que se moldean con el paso de los años. El gusto por la quietud, la siesta, el silencio o el café con pan dulce de la tarde no tendrían que mirarse como signos sospechosos de envejecimiento sino como el privilegio que se gana con la edad para darse el gusto del descanso o el antojo.
La vida privada e íntima sigue teniendo sus satisfacciones y queda en ese ámbito personal las formas de vivir con plenitud sus particularidades.
Hay una riqueza que encierra cada persona mayor que se pierde si no hay quien recoja los relatos y anécdotas de épocas vividas en plenitud y donde nuestros mayores fueron testigos presenciales de eventos significativos para una comunidad que hace sesenta u ochenta años se estaba formando.
Digo ese tiempo porque a estas alturas ya no existen personas de más edad que puedan transmitirnos la historia oral que debiéramos atesorar aunque fuera en nuestra memoria para relatarla más adelante.
Así que mientras una generación de personas alrededor de los sesenta años quiere refrescarse la silueta y los rasgos faciales para quedar como en el tiempo de los Beatles jóvenes o las chicas ye ye -aunque más bien quisieran ser Raquel Welch o alguna otra chica Bond- otra, la de nuestros padres se pierde en el ocaso de la indiferencia o el olvido.
Sin extremismos, cuidar la imagen y la salud, preocuparnos por dejar de ser un país de los primeros lugares en el mundo en obesidad y al mismo tiempo resguardar la historia regional y la crónica de una ciudad con vida rica en datos pueden ser experiencias compatibles e igualmente reforzadoras de la identidad como ciudad.
Mientras tanto…
Hoy es el día en que me habrán de preguntar de alguna manera ¿en qué me inspiro para escribir poesía? y entre las posibles respuestas tendré que explicar que la tal inspiración es solamente el detonante que da paso al flujo de emociones y sentimientos convertidos en palabras, pero donde no hay nada resguardado no hay explosión que invente el resultado.
Les recuerdo que la cita es hoy a las 7.30 en la Galería del Centro Cultural Riviera de Pacífico: Presentación del Libro de poesía Las Estaciones del Día.
…Bajo tu sombra, el viento del invierno
es una lluvia triste, y los hombres, amor,
son cuerpos gemidores, olas
quebrándose a los pies de las mujeres
en un largo momento de abandono
-como nardos pudriéndose.
Es la hora del sueño, de los labios resecos,
de los cabellos lacios y el vivir sin remedio.
Pero si el viento norte una mañana,
una mañana larga, una selva,
me entregara el corazón desecho
del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad,
el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso,
de una tierra sin vida?...
(Huerta, Efraín. Declaración de Amor)
lunes, 2 de junio de 2008
¿De dónde vienen los poemas?
Los caminos de mi vida, que no son extraordinarios ni heroicos, me han llevado en ocasiones a los territorios tumultuosos del quehacer cotidiano que significa atender un empleo, una familia numerosa, actividades políticas eventualmente y la voluntad de desarrollar una carrera en el campo de las letras.
Los tiempos entre una y otra actividad son breves y cuando se acompañan de una benévola soledad silenciosa hacen posible que el pensamiento se libere y fluya en ideas que van conformando algún poema. Son como apuntes para desarrollar más tarde algún tema más extenso. De ahí nacen los poemas, de la vida de cada día, de la emoción causada por una alegría o una pena. Del diálogo con un interlocutor imaginario, distante a veces, o del ordenamiento del pensamiento propio a las posibles versiones de lo que sería una conversación ideal con el amado, el ausente, el ideal o el ingrato.
A veces los temas se refieren a cosas, a eventos de la naturaleza, pero siempre ligados a ese sentimiento central que es la experiencia amorosa.
A esas ideas anotadas como premisas les sigue otro tiempo de dedicación a la búsqueda del complemento de cada idea original. Se insiste, se mide y agregan los conceptos en palabras que den cuerpo y forma al pensamiento central. Como en un rompecabezas de variado número de piezas, busca uno la voz que corresponda por todos sus lados a las piezas inmediatas para ir conformando el cuadro completo.
Hay ocasiones en que en una especie de flujo inacabable las palabras vienen enlazadas a otras y otras y en algo parecido al trabajo del dactilógrafo, solamente anoto la lluvia de ellas. De cualquier forma, en otro momento, la lectura calmada y cuidadosa hace que busque otros términos ahí donde hay repetición, cacofonía o imprecisión.
Tal vez sean, en mi caso, tres los tiempos de cada poema antes de dejarlos descansar un rato: la idea, la incorporación del resto del poema, la lectura y revisión.
Todo lo anterior es un proceso personal, solitario e íntimo.
Las Estaciones del Día, es la primera publicación en libro que presento, no es lo primero que he escrito, no es lo más reciente tampoco, es el resultado del verano de 2005 y no obedece tampoco a una experiencia particular, es la expresión de un momento que puede ajustarse a la medida de cada lector y en donde no se encontrarán de modo alguno con una biografía personal ni relato confesional.
Es el ejercicio de las emociones traducidas en palabras en un período grato, de buen clima, conversación alegre y la esperanza siempre presente de que la vida puede ser traducida de tantas formas como intérpretes haya.
La experiencia de esta publicación ha tomado tiempo y ha tenido también momentos de turbulencia y desencanto pero ha prevalecido la idea de compartir a través de un texto la calidez de la vida en el camino que elegimos transitar.
Los temas son los más frecuentes: el amor, la memoria, los recuerdos, la muerte, el olvido y la vida.
No escribo enigmas ni misterios.
Sólo escribo
Al maestro con cariño:
Encuentro el miércoles en la nota dedicada a la vida y trayectoria profesional del Profesor Francisco González Lujano una fotografía de su grupo de Quinto Año en la Escuela Artículo 123 de El Sauzal, a la izquierda del profesor en el cuarto lugar veo mi cara sonriente de los doce años. El profesor Pancho fue mi maestro en quinto y sexto año pero además estuve presente, por azares del destino, en el grupo donde presentó su examen profesional en 1958, fue ante el grupo de cuarto año de la Escuela Primaria Álvaro Obregón de Tijuana Baja California. Su examen consistió en una exposición de una clase de Botánica con el tema Las partes de la Hoja.
El profesor González Lujano me distinguió como alumna durante los dos años finales de mi educación primaria con un trato personalizado e impulsó inquietudes que contribuyeron a mi desarrollo personal. Cuidadoso, preparado y entusiasta, aportó a mi vida (y a la de muchos otros) en formación con valores en todos los campos que hasta la fecha conservo, los conceptos estéticos fueron una preocupación constante y la participación en la comunidad una de sus motivaciones. Una parte importante de la persona en quien me convertí en la vida adulta tuvo como base indudable la influencia de mi maestro de primaria a quien recuerdo hoy mismo con su voz llena de claridad y autoridad, el sentido del humor y la sensibilidad para impulsar las cualidades personales y únicas en sus alumnos. ¡Felicidades profesor!
…Aquí un momento solo
sin edades
desvestidos de espera
desnudos de palabras
nos miramos
viajo por tus contornos
bebo sonrisas
y en un instante breve
tras un leve suspiro
sucumbimos.
(Ceniceros, Hadassa. Aquí y ahora)
martes, 20 de mayo de 2008
las estaciones del día
viernes, 9 de mayo de 2008
EFEMÉRIDES
Según mis inexpertos pero intuitivos cálculos era la fecha, el médico había dicho entre el 9 y el 11 y pensé: el 10.
A eso de las seis de la mañana algo en mí produjo un dolor intenso y desconocido hasta entonces, mi cuerpo se partía a partir de la cintura en direcciones opuestas. Era hora, avisé a mi esposo, él a su vez habló al señor García, el señor de la casa y nos dispusimos a ir hacia el hospital.
Mi padre que era mi instructor ya me había advertido: nada malo va a pasar, las mujeres en la historia de todo el mundo pasan por eso y siguen adelante, es solamente un momento hay que aguantar, y así lo hice.
El trabajo fue largo, doloroso y lleno de novedades para las que nadie me había dado ni siquiera una pista. Así que con veinte años, dolor y sorpresa me convertí en madre por primera vez de un niño de cuatro kilos y quinientos gramos aquel diez de mayo de 1968.
El mundo cargaba con noticias de enorme importancia: se había realizado el segundo transplante del corazón, Viet Nam ardía bajo los bombardeos norteamericanos, Luther King era asesinado, en mayo se daba algo así como la revolución estudiantil en Francia, Robert Kennedy fue ultimado en Los Ángeles en plena campaña electoral estadounidense, en Checoslovaquia se desarrollaba el movimiento de la Primavera de Praga, Stanley Kubrick dirige la Odisea del Espacio, moría Steinbeck premio nobel norteamericano, Richard Nixon ganó las elecciones, ocurre una represión de grandes dimensiones en la Plaza de Tlatelolco en México, iniciaron los Juegos Olímpicos en la ciudad de México.
Era el año que la ONU había nombrado como El año Internacional de Los Derechos Humanos y yo era mamá.
Salvo algunos hechos de gran difusión mucho de lo que ahora menciono no fue de mi conocimiento.
La noticia era que aquel niño enorme me lo tenía que llevar a la casa conmigo, que vivía entre personas sin experiencia para orientarme en nada y que con mi eterna apariencia de que “yo sé cómo hacerlo” me enfrente al gran reto de bañarlo, alimentarlo y asustarme cuando dormía más de lo que consideraba debía hacer. Perdí diez kilos, peso que mantuve por casi la mitad de mi vida, no era problema, eran los sesentas, ser flaca era moda.
Aprendí lo que es tener el corazón sincronizado al de otro ser humano pero no sabía que esa condición le dura a uno toda la vida y que con cada hijo, si tiene uno más de uno, esa sincronía mueve las acciones de tu vida, hagas lo que hagas.
El mundo cambiaba, los puños se alzaban en protestas públicas, muchos morían por sus ideales o víctimas del mal momento. Las esperanzas en personas parecía rendirse pero la fortaleza en los principios se sostenían, y mientras, yo vivía la conmoción del llanto, la mirada y algo que era una sonrisa en aquella carita nueva en mi vida con un gesto, que aún ahora que cumple cuarenta años, conserva.
Feliz cumpleaños Ariel Delgado Ceniceros, hijo.
…Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea…
(Hernández, Miguel. Las Nanas de la Cebolla)
